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¿Cambiarán para siempre las comunicaciones digitales el comportamiento humano?

¿Cambiarán para siempre las comunicaciones digitales el comportamiento humano? Las comunicaciones digitales son extremadamente convenientes, quizás demasiado.

Hace miles de años, los humanos se comunicaban exclusivamente mediante lenguajes orales en comunidades pequeñas y nómadas. Con el tiempo, surgió la escritura, permitiendo una comunicación más permanente. Esto transformó el folclore oral en literatura y facilitó el paso de cazadores-recolectores a sociedades sedentarias en pueblos y ciudades. La escritura permitió registrar cultura e historia en sociedades cada vez más complejas.

Hoy disponemos de más métodos de comunicación que nunca. Podemos enviar un email a alguien al otro lado del mundo o incluso en el espacio, con respuestas casi instantáneas, como una conversación cara a cara. Pero, ¿ha alterado la comunicación digital nuestro comportamiento?

Superficialmente, la respuesta es sí. Hace unas décadas, llevar un teléfono móvil era raro; ahora es esencial en muchos países. Los smartphones han evolucionado: de llamadas básicas a mensajes, internet y apps.

En las últimas dos décadas, los SMS han superado las llamadas de voz [fuente: Reardon]. La Oficina del Censo de EE.UU. estimó 110.000 millones de textos enviados por estadounidenses [fuente: Oficina del Censo de EE.UU.].

Las redes sociales también impactan: una encuesta de Prompt Communications (2009) mostró que Facebook superaba al email y SMS para contactar amigos y familia.

Pero, ¿va más allá de cómo enviamos mensajes?

¿Son inteligentes o tontas las comunicaciones instantáneas?

¿Cambiarán para siempre las comunicaciones digitales el comportamiento humano? ¿Nos están convirtiendo las comunicaciones digitales en personas groseras e irreflexivas?

La comunicación digital permite interacciones instantáneas globales, a menudo limitadas a 160 caracteres (o menos en Twitter). ¿Influye esto en nuestro comportamiento?

Nicholas Carr, escritor experto en tecnología, sugiere que podría erosionar nuestra capacidad de concentración, como al leer un libro. Basado en evidencia anecdótica, argumenta que Internet fomenta la multitarea y reduce la atención profunda [fuente: Carr].

Carr compara con cambios históricos por la escritura y la imprenta, citando filósofos que temían la pérdida de sabiduría.

Jamais Cascio, en The Atlantic, discrepa: no perdemos inteligencia, sino que nos adaptamos. Nuestra mente se vuelve más fluida, priorizando preguntas rápidas vía digital [fuente: Cascio].

Ambos coinciden: la tecnología moldea pensamiento y comportamiento. Esperamos respuestas inmediatas, procesamos info múltiple y luchamos con foco único. Sin estudios concluyentes, es prematuro decir si es permanente.

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