Científicos de renombre sugieren que las ondas cerebrales de cada persona son únicas y podrían servir como método de identificación seguro. En un contexto de crecientes amenazas cibernéticas, como piratería y robo de identidad, investigadores de la Universidad de Binghamton lograron un avance clave. En un estudio publicado el año pasado, registraron la actividad cerebral de 50 participantes mientras observaban 500 imágenes variadas, desde una pizza hasta la actriz Anne Hathaway. El software analizó los patrones de respuesta y identificó la "huella cerebral" de cada individuo con un 100% de precisión.
Sarah Laszlo, profesora asistente de psicología en la Universidad de Binghamton, explica que las huellas cerebrales superan a las huellas dactilares: si se roba una huella digital, la persona queda comprometida de forma permanente, pero una huella cerebral es un dato digital que se puede borrar y restablecer fácilmente.
Mientras se desarrolla esta tecnología, Violeta Tulceanu, de la Universidad de Iasi en Rumanía, propone una variante innovadora. Su sistema analiza ondas cerebrales para verificar no solo la identidad, sino también el estado emocional del usuario, creando una "huella digital emocional" única para emociones como felicidad o miedo, según un artículo en el International Journal of Advanced Intelligence Paradigms de Inderscience.
Este enfoque podría denegar acceso bajo coacción, como en un robo a un cajero automático, o si el usuario está ebrio o drogado. Tulceanu destaca su potencial evolutivo con más datos, aplicable en militar, e-learning y sanidad, asegurando que el usuario actúe responsablemente y por voluntad propia.