El Departamento de Defensa de EE. UU. evalúa mayor supervisión sobre los rastreadores de actividad física usados por soldados, tras informes de "mapas de calor" que revelaron ubicaciones en bases militares mediante datos de apps de fitness publicados en línea.
Estás siendo rastreado. Si usas un smartphone, te conectas a internet o aceptas términos de uso sin leerlos detenidamente, tus datos están en juego.
Puede generarte incomodidad, pero muchos optan por ignorarlo o minimizarlo. Es hora de tomar conciencia.
«La gente ignora lo que cede y los riesgos a largo plazo», afirma Joe Touch, exdirector del Postel Center for Experimental Networking en el Information Sciences Institute de la Universidad del Sur de California durante 17 años.
Un caso reciente ocurrió en enero de 2018: un analista australiano descubrió que Strava, red social para atletas, expuso inadvertidamente movimientos en bases militares de EE. UU. mediante su "mapa de calor" global de actividades. La Casa Blanca lo calificó de "riesgo de seguridad", y el Pentágono emitió alertas.
«Tomamos esto en serio y revisamos si necesitamos más formación, orientación o políticas para proteger al personal del Departamento de Defensa en EE. UU. y abroad», declaró el coronel Robert Manning III.
Ironía: los usuarios podrían haber registrado entrenamientos sin compartir datos públicamente.
«El GPS es unidireccional; no requiere compartir ubicación para funcionar. Los dispositivos descargan mapas, exponiendo intereses geográficos para monetizar datos, no por servicio al usuario», explica Touch.
El escándalo Strava es solo un ejemplo. Recuerda brechas como Equifax (143 millones afectados en 2017), Target (40 millones en 2013) o Yahoo (500 millones en 2014). Cedemos datos sensibles voluntariamente: números de seguridad social, fechas de nacimiento, cuentas bancarias, ubicación y hábitos.
Algunos piensan: «Todos lo hacen, ¿qué daño hay?». Touch advierte: «La privacidad es irrecuperable. Creer en seguridad por multitudes es ingenuo; el riesgo surge cuando falla esa premisa».
Una vez expuesta, perdura eternamente.
Cómo proteger tu privacidad
Las brechas surgen de descuidos: publicar geolocalizaciones en vacaciones (ver pleaserobme.com) o apps con configuraciones predeterminadas invasivas.
Strava exige hasta siete pasos para desactivar el seguimiento, similar a muchos servicios. Los términos de 12.000 palabras definen qué recopilan, pero ¿quién los lee?
Touch critica la falta de transparencia: «Deben exigir confirmación activa para cambios en términos. Solo así entenderemos lo que cedemos».
Regla simple de Touch: no compartas datos que no pondrías en una valla publicitaria.