Los teléfonos móviles operan mediante tecnología de radiofrecuencia. La primera generación (1G) utilizaba sistemas analógicos, con un número limitado de canales por celda. Sin embargo, estos no contaban con compresión de señales entre el dispositivo y la red, lo que provocaba saturación. Se requería un sistema con mayor capacidad.
La tecnología digital aprovecha la radio de forma innovadora, distinta al analógico. La segunda generación (2G) introdujo transmisión digital, multiplicando los canales disponibles y permitiendo más llamadas simultáneas. Esto aplica también a las operadoras de cable, que usan digital para ofrecer más canales por ancho de banda.
Los teléfonos digitales convierten la voz en datos binarios (bits de 1 y 0), los comprimen y transmiten. Así, hasta 10 llamadas digitales caben en el espacio de una analógica. Emplean FSK (modulación por cambio de frecuencia) para convertir y alternar señales entre la torre celular y el móvil.
El procesamiento digital es rápido, potente y eficiente: mantiene alta calidad de voz y aumenta la capacidad por celda. Por ello, superó rápidamente al analógico, volviéndolo obsoleto y dominando el mercado.