"Voy a revisar mi feed una vez más".
La tecnología evoluciona y tiene un apetito insaciable. Como una máquina tragamonedas de Las Vegas, su hambre es evidente. Pero, ¿qué ocurre con las computadoras de bolsillo que llamamos "smartphones"?
En el reciente podcast en dos partes de Stuff to Blow Your Mind: The Great Eyeball War, Joe McCormick y yo exploramos el voraz deseo de las redes sociales por nuestra atención. Quieren nuestros clics, nuestros ojos y nuestro tiempo. Nuestros dispositivos, apps y sitios web se vuelven cada vez más sofisticados para capturarnos.
La máquina tragamonedas lo ilustra perfectamente, como abordamos en el programa. Surgió en el siglo XIX como una simple expendedora, pero sus diseñadores la perfeccionaron hasta que hoy genera cerca del 70% de los ingresos de los casinos.
De forma similar, las redes sociales empezaron conectando personas e información, con anuncios secundarios. Plataformas como Facebook buscan principalmente nuestra participación, el bien más valioso.
Pero, ¿cuánta atención puedes ceder? ¿Cuántas veces te distraen las apps de redes sociales? No es solo debilidad personal o generacional ("¡esos millennials y sus iPhones!"), como explica Tristan Harris, fundador del Center for Humane Technology, en su ensayo de 2016. La tecnología persuasiva usa trucos como la ilusión de control, FOMO (miedo a perderse algo), aprobación social, interrupciones y diseños tipo "máquina tragamonedas" con recompensas variables.
"Si quieres maximizar la adicción", escribe Harris, "vincula la acción del usuario (como tirar de una palanca) con una recompensa variable. Una tasa impredecible multiplica el enganche".
¿Lo has vivido? Ignoras familia, amigos o trabajo por actualizar el feed infinito, buscando esa "ganancia". El último scroll trajo fotos aburridas o malas noticias, pero ¿y el siguiente? Así nos agotamos, perdiendo atención, voluntad y tiempo.
Sí, hay un parásito tecnológico en tu bolsillo, y pagaste por él. ¿La solución? Para la mayoría, abandonar no es viable; la tecnología es esencial en la vida moderna.
Afortunadamente, el Center for Humane Technology propone pasos prácticos para reducir su poder adictivo. Este último consejo es clave: un estudio de la Universidad de Texas en Austin (2017) mostró que solo tener el smartphone al alcance baja el rendimiento cognitivo.
Sin embargo, quizá necesitemos más que trucos individuales. James Williams, cofundador de Time Well Spent, urge en su ensayo Stand Out of Our Light a defender nuestra "libertad de atención".
¿Incluye eso cambios como los anunciados por Mark Zuckerberg en 2018? ¿O regulaciones similares a las del juego o sustancias adictivas?
Mientras debatimos, el smartphone evoluciona, con un hambre interminable.