El simple movimiento puede interferir en la precisión de los monitores cardíacos de muñeca, alterando la medición del esfuerzo real. A los cinco minutos de su carrera de 5 km (3,1 millas), Greg, de 50 años, nota sus latidos acelerados. Tras un mes de entrenamiento, esta es su primera carrera continua sin pausas para caminar. Se pregunta si su frecuencia cardíaca se mantendrá en la zona objetivo: 85-145 latidos por minuto [fuente: American Heart Association].
Más tarde, tras una carrera exitosa y enfriamiento, Greg consulta su monitor de actividad en la muñeca. Además de pasos y sueño, rastrea la frecuencia cardíaca. Sin embargo, a diferencia de los latidos intensos que sintió, el dispositivo muestra solo un leve aumento. Surge la duda: ¿cómo mide exactamente una pulsera la frecuencia cardíaca? ¿Cuál es su margen de error?
Estas pulseras emplean luz LED para iluminar las venas capilares de la muñeca, permitiendo a un sensor detectar el flujo sanguíneo y calcular los latidos por minuto. Parece sencillo, pero requiere inmovilidad absoluta para precisión. Hablar, moverse o sudar —acciones comunes durante el ejercicio— distorsionan los datos.
Otro factor clave es la ubicación: la sangre en las extremidades late más lento que en el corazón. Un estudio con cinco rastreadores de muñeca mostró lecturas mucho más bajas que un electrocardiograma (EKG), que mide señales eléctricas cardíacas [fuente: NIH]. En casos extremos, la diferencia alcanzó casi 50 latidos por minuto, incluso usándolos simultáneamente [fuente: Profis].
Para atletas exigentes o quienes buscan datos precisos, una pulsera básica no es ideal. Opta por relojes con monitor óptico avanzado: requieren tocar una almohadilla con el dedo para lecturas pasivas más exactas que las pulseras estándar [fuente: Zimmermann].