El gobierno federal de Estados Unidos mantiene al menos 24 satélites GPS operativos en todo momento. Esta red esencial permite desde la navegación urbana hasta la sincronización precisa de transacciones en cajeros automáticos. Sin embargo, expertos advierten que el sistema carece de la resiliencia necesaria ante amenazas crecientes. Si piensa que el GPS solo sirve para guiarlo al restaurante o encontrar la ruta más rápida, se equivoca. Las señales GPS son la base de infraestructuras críticas en EE.UU.: Internet, red eléctrica, finanzas, telecomunicaciones y transporte. Sin un respaldo, una interrupción, jamming o ciberataque podría paralizar el país entero.
Un sistema complementario llamado eLoran, basado en tecnología de radio terrestre de la Segunda Guerra Mundial, podría fortalecer el GPS. Países como China y Rusia ya cuentan con respaldos similares. Aunque en 2008 se anunció su desarrollo en EE.UU., aún no se ha implementado.
"Este es un problema de infraestructura nacional", afirma Dana Goward, presidenta de la Resilient Navigation and Timing Foundation, organización sin fines de lucro dedicada a políticas para mayor resiliencia del GPS.
Esta constelación asegura detectar al menos cuatro satélites desde casi cualquier punto de la Tierra. Para el GPS y sus dependientes, todo radica en la precisión temporal. Cada satélite porta hasta cuatro relojes atómicos sincronizados con el Tiempo Universal Coordinado, transmitiendo hora y posición a receptores terrestres. Estos calculan la ubicación mediante diferencias en los tiempos de llegada de las señales.
Las señales GPS alertan de la llegada de su conductor de Lyft, sincronizan paquetes en Internet, alinean ondas eléctricas en la red de potencia, mantienen torres celulares sincronizadas y marcan transacciones financieras con precisión absoluta.
Una falla en GPS genera caos. Sus señales débiles de alta frecuencia recorren 20.350 km a través del espacio y atmósfera, vulnerables a tormentas solares o jamming intencional. Productos comerciales ilegales las bloquean en radios de 30 metros a 48 km.
"No es un problema hasta que lo es", advierte Goward.
Incidentes reales
En abril de 2016, Reuters reportó que barcos pesqueros surcoreanos regresaron a puerto por jamming GPS atribuido a Corea del Norte.
El 12 de enero de 2016, dos buques de la Marina de EE.UU. entraron 80 km en aguas iraníes, posiblemente por spoofing GPS, y fueron capturados.
En enero de 2016, la Fuerza Aérea desmanteló un satélite GPS, causando un error de 13,7 microsegundos que generó miles de fallos globales en telecomunicaciones, aviación y emergencias durante 12 horas.
"Nadie murió, pero revela la interconexión de sistemas ante mínimas discrepancias", explica Goward.
La solución: eLoran
eLoran, evolución de LORAN (Long Range Navigation), surgió en la Segunda Guerra Mundial. La Guardia Costera de EE.UU. lo mantuvo postguerra con transmisores sincronizados por relojes atómicos.
El GPS lo eclipsó, pero un eLoran mejorado, desarrollado por la Guardia Costera y entidades británicas, reutiliza infraestructura existente para señales de baja frecuencia y altísima potencia: 1,3 millones de veces más fuertes que las GPS. Imposibles de interferir, penetran edificios, subsuelos y agua.
Combinado con GPS, eLoran aumenta precisión, según investigaciones.
En julio de 2017, la Cámara de Representantes aprobó leyes para implementar eLoran y asignó 10 millones de dólares para un prototipo. Goward propone una fase inicial con 400-500 millones totales vía asociación público-privada: servicio básico gratuito al público, suscripciones premium para empresas.
"Podríamos tener señal de tiempo crítica en menos de un año", indica Goward. El Departamento de Seguridad Nacional lo califica como "punto único de falla" con potencial catastrófico.