Los smartphones se volverán obsoletos, dando paso a una nueva generación de dispositivos de comunicación portátiles que transformarán nuestra interacción con el mundo digital.
Hoy, casi ocho de cada 10 estadounidenses poseen un smartphone y lo utilizan para todo: desde escuchar música y tomar fotos hasta leer noticias, redes sociales, compras y transacciones bancarias. Han reemplazado herramientas cotidianas como cintas métricas, linternas o relojes de pulsera.
Los smartphones revolucionaron la vida diaria hace poco más de 10 años con el lanzamiento del iPhone de Apple, que integró internet móvil, potencia informática y una interfaz multitáctil intuitiva. Una encuesta reciente revela que los usuarios dedican unas cinco horas diarias a sus dispositivos, lo que explica por qué es común ver peatones absortos en sus pantallas en cualquier ciudad.
Sin embargo, con el avance tecnológico a gran velocidad, el smartphone tiene una vida útil limitada. Una encuesta global de 2015 por Ericsson, la firma sueca de tecnología de comunicaciones, indicó que la mitad de los usuarios esperaba su obsolescencia para 2020.
La gran pregunta es: ¿qué lo reemplazará? Expertos predicen que avances en realidad virtual (VR), realidad aumentada (AR), inteligencia artificial (IA) y electrónica portátil generarán dispositivos que alterarán aún más nuestra rutina diaria.
«La transición será de acceder a internet a vivir en él», afirma Jack Uldrich, futurista, autor y conferencista que asesora a emprendedores sobre tecnologías emergentes.
Estos nuevos dispositivos no serán rectángulos con pantallas de vidrio. Brad Berens, director de estrategia del Centro para el Futuro Digital de la Escuela Annenberg de la Universidad del Sur de California, anticipa «redes de área personal»: grupos de minidispositivos integrados en collares, gafas o lentes de contacto.
Usarán VR y AR para proyectar información en nuestro campo visual, eliminando pantallas. Se controlarán por voz, gestos o tecnología háptica que simula tacto real. La mecanografía podría volverse tan obsoleta como la caligrafía con pluma.
«Así como no escribo tan rápido como mis hijos, ellos no dominarán los gestos hápticos tan bien como los niños de hoy», añade Uldrich.
Asistentes inteligentes de próxima generación
Los asistentes como versiones avanzadas de Siri, Alexa o Cortana anticiparán necesidades analizando movimientos oculares. «Si miramos algo dos segundos, ofrecerán más datos», predice Uldrich.
Berens imagina asistentes que susurran al oído y proyectan mensajes privados, como recordar nombres: «Es John Smith» aparecería ante nuestros ojos.
Estos asistentes interactuarán entre sí, potencialmente reduciendo interacciones humanas directas, lo que Berens ve como «interesante e inquietante».
«Ya evitamos conversaciones cara a cara con tecnología: en el metro jugamos con el móvil en vez de charlar; los jóvenes prefieren textos a llamadas; apps como Tinder facilitan encuentros sin riesgo», explica.
«Esto crea 'burbujas de filtro' donde ignoramos otras perspectivas», advierte, citando a Eli Pariser.
Los dispositivos del futuro nos cambiarán de formas impredecibles, como ocurrió con el smartphone. Solo usándolos lo descubriremos.