¿Qué significa la revolución tecnológica para el futuro de las compras de comestibles? Vivimos en el siglo XXI, donde invocamos un vehículo con unos toques en el smartphone. Compramos online casi todo: ropa, libros, autos e incluso viviendas. Sin embargo, para los comestibles, la mayoría aún acude al supermercado local, empujando carritos por pasillos, seleccionando productos y esperando en largas colas para que un empleado los escanee y empaquete. En 2015, los estadounidenses gastaron cerca de 650 mil millones de dólares en supermercados así, con un promedio de 39.500 artículos por tienda, según FMI.org.
Los expertos prevén un cambio radical. La industria de comestibles, con márgenes ajustados, altos costos laborales y métodos obsoletos, se reinventa. Ya emergen servicios como Peapod e Instacart; Morgan Stanley estimó que un tercio de los compradores los usaría en 2016.
Esto es solo el inicio. Tecnologías como realidad aumentada, robótica e Internet de las Cosas recopilarán datos sobre hábitos para personalizar la experiencia.
Las colas de caja desaparecerán. El prototipo Amazon Go en Seattle usa sensores de autos autónomos para detectar productos en el carrito y cobrar automáticamente al salir.
"Los programas de 'clic y recoge' ganarán terreno", afirma David Livingston de DJL Research. Pronto, apunta con tu smartphone a un producto y recógelo en la puerta o recíbelo en casa vía robots y vehículos autónomos de empresas como Alphabet.
Los grandes almacenes Selfridges en Birmingham, Inglaterra, podrían lucir un interior tan futurista como su exterior. Kroger ya emplea QueVision para monitorear afluencia con sensores. En breve, detección, apps móviles y reconocimiento facial personalizarán sugerencias desde la entrada, vía dispositivos como Microsoft HoloLens con hologramas de datos.
"En el supermercado del futuro, la información llegará directamente al consumidor", predice el futurista Jack Uldrich. "Origen del producto, calorías y ofertas en tiempo real".
Los supermercados evolucionarán a centros sociales con clases de yoga, cocina o encuentros vecinales. "Como Starbucks, serán experiencias comunitarias", añade Uldrich.